EXPO SURREALISMO

Elvira Lozano / Redacción Aragón

Si Luis Buñuel levantara la cabeza, la bajaría enseguida para no ver el parque que, con su nombre, han alicatado alrededor de la Expo donde antes había huertas y sotos de ribera.

EDU NAVARRO)

Foto: Edu Navarro

El propio director de Expoagua, Roque Gistau, ha dicho sin rubor que en diez años será una maravilla. Esa extraña costumbre de los árboles de crecer tan despacio. La prensa también, sin sonrojo, lo comparaba con el parque del Retiro, por su tamaño. Ya de paso lo podían haber comparado con la Capilla Sixtina, que es –dónde va a parar– mucho más pequeña.

El protoparque alberga una joya peculiar: una noria construida por artesanos sirios, la más grande de su tipo en el mundo. Tan grande, que el caudal de agua es insuficiente para moverla, y le han acoplado un motor, más caro que la propia noria. Qué gran monumento conceptual.

Para aliviar un poco la ausencia de verde, y como homenaje a las verduras que poblaban antes el meandro de Ranillas, el imponente pabellón de Aragón, que imita el trenzado de una cesta de frutas, infla cada noche descomunales tomates, cebollas, puerros y cerezas en lo alto de la azotea.

Mientras, en el acuario fluvial más grande del mundo los peces miran con el mismo desconcierto con que los miran sus visitantes. La organización ha decidido no poner ningún letrero informativo “para que la gente no se amontone a leerlos”.

La espectacular cascada que adorna por fuera el edificio se suspende porque se moja la gente que hace cola, pero “sólo los días de viento” (la mayoría en la capital del cierzo).

La torre del Agua, ese monumento hueco por el que se sube andando en espiral hasta su azotea, no tiene un solo aseo público en los 80 metros de subida, que equivalen a 23 plantas. Zaha Hadid, la arquitecta del otro buque insignia de la Expo que es el pabellón Puente, no quiere que sea otro monumento hueco tras la Expo, y ha reclamado su utilidad pública, o sea, que contenga “bares y restaurantes”.

La Expo es un espectáculo en sí misma. El alcalde Belloch dice que como ya hay 5.000 espectáculos en la Expo, para las fiestas del Pilar no se van a gastar ni un duro más porque la gente sólo querrá descansar. La gente con pasta o con pases gratis, y con mucho tiempo libre. Eso sí, las riberas del Ebro están bonitas. Su reforma, aplanar el suelo, poner césped y asfaltar un poco, no llega a 100 millones. Toda la Expo, 2.500 millones de euros (y sigue).

Llamar Luis Buñuel al parque que circunda la Expo es lo más sensato que han hecho los gerifaltes de esta ciudad en mucho tiempo.

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