EL NEGOCIO PRIVADO DEL DINERO PÚBLICO

Redacción Diagonal Aragón

Publicado en el especial Expo Zaragoza 2008 – Nº 3 de Diagonal Aragón, la edición local de Diagonal – marzo 2008

A DESTAJO. Las obras de la Exposición Internacional se aceleran conforme se acerca el 14 de junio. En la foto, un obrero trabajando. / Edu Navarro

La Expo no va de agua. Es un acontecimiento de segunda, con nula repercusión internacional. Y lo primero que percibe el ciudadano es la subida del precio de la vivienda y de los servicios, además del incremento de la conflictividad laboral en diversos sectores, como el transporte. Entonces, ¿a quién beneficia la Expo? Hay que ir más allá de lo que nos cuentan y prestar atención al entramado de empresas patrocinadoras.

Antaño, las exposiciones internacionales servían de escaparate para la difusión de novedades. Hoy en día, las exposiciones internacionales pierden su sentido, al estar dicha difusión garantizada por numerosas ferias de muestras y las nuevas tecnologías de la información. Ante este escenario, el BIE (organismo internacional regulador de las mismas) busca una última excusa para alargar su vida: dotar a los eventos de un tema central que articule el espacio expositivo. A pesar del decadente atractivo, la candidatura se contempló como una gran ocasión.

Por un lado, la Expo facilitaría un banderín de enganche político a Juan Alberto Belloch, ex ministro en declive que aterriza en la política zaragozana sin conocimiento de la realidad de la ciudad. Además, eligiendo como tema el agua, contaría con el favor popular, herencia de la lucha contra el Plan Hidrológico Nacional, apropiándose así del apoyo ciudadano. Finalmente, supondría un banquete para los poderes económicos de Aragón. La candidatura de Zaragoza, sin competencia real, gana y empieza a vender la Expo como proyecto de gran relevancia internacional. Un antes y después para Aragón.

Cosmética comercial

Tras ganar con el tema del agua, el añadido “y desarrollo sostenible” incomoda a un evento que requiere una severa actuación en el meandro de Ranillas (zona inundable que regula la dinámica fluvial), en el propio cauce y riberas del Ebro, y hasta en el patrimonio histórico de la ciudad. Queda claro desde el inicio la falta de compromiso con el lema de la Expo, y se asume que lo del “agua y desarrollo sostenible” no es sino cosmética comercial.

Comienza entonces otra estrategia de persuasión de la grandeza del proyecto, no por su tema, sino por su repercusión internacional. Aragón se convertirá en referente mundial. No obstante, los datos que ofrece la propia Expoagua no avalan esto. Se espera que el 70% de los visitantes sean aragoneses, mientras que el proyecto fuera de Aragón se conoce poco y apenas trasciende fuera del Estado. La celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín augura que la Expo pasará aún más inadvertida. Así pues, el “lanzamiento” de Zaragoza en el ámbito internacional parece más un mito que una realidad.

Restan dos vías por explorar: el gran desarrollo económico de Aragón gracias a la Expo y el cambio prometido en la configuración de la ciudad y del territorio aragonés. Cabe matizar que el resto de poblaciones y comarcas aragonesas no sacan casi nada de este proyecto, agravando aún más el centralismo aragonés. Y en Zaragoza la ciudadanía empieza a plantearse si es necesaria la Expo para contar con las infraestructuras mínimas adecuadas. Además, la concentración de inversión en la Expo, más de 1.500 millones de euros, se hace a costa de no invertir en otras necesidades básicas. De momento el Ayuntamiento de Zaragoza –con los votos de PSOE, PP y PAR– ha derivado cuantiosos fondos de barrios y áreas sociales y culturales a la Expo. Respecto a la reconfiguración territorial, parece que la plataforma logística PLAZA, que fija el eje de comunicación Madrid-Zaragoza-Francia, supondrá un impacto económico y territorial tal que la Expo se reduce a una anécdota.

Entonces, si la Expo no va de agua, es un evento de segunda sin eco internacional y el único efecto que nota el ciudadano es el alza en los precios de la vivienda y servicios, además del aumento de la conflictividad laboral en sectores como el transporte… ¿a quién beneficia la Expo ? Hay que ir más allá de lo que nos cuentan. Tras el entramado de empresas patrocinadoras, se consolidan los monopolios económicos de Aragón, como Ibercaja, CAI o Nozar, y se garantiza un negocio redondo: patrocinios a cambio de ventajosas operaciones inmobiliarias y buena imagen mediante márketing “pseudoverde”, al que se apuntan grandes multinacionales como Acciona, Aguas de Barcelona, Veolia, Repsol o Endesa, que aprovechan para mostrar al visitante cómo expoliar los recursos naturales de un país “subdesarrollado” y simular lo contrario en el país “desarrollado”. No hay que esperar al 14 de septiembre para saber que la Expo logrará sus fines. Usar fondos públicos para negocios privados siempre es un éxito asegurado.

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2 comentarios to “EL NEGOCIO PRIVADO DEL DINERO PÚBLICO”

  1. laexpodesdeabajo Says:

    Una actualización: la “inversión” ya supera los 2.500 millones de euros.

  2. María Says:

    Yo corroboro lo dicho.

    Por motivos que no vienen al caso, tengo bastantes contactos internacionales. Desde hispanoamérica hasta Israel, la expresión de las caras al mencionarles “nuestra Expo” era lo más parecido a un “paisaje con fuente”. “Cara de póker”, vamos. Hubo un amigo mexicano que incluso llegó a preguntar si “ésa Expo era como las ferias de ganado de su pueblo, para vender y comprar”, a lo que yo contesté, con un entusiasmo casi infantil que no, que iba a ser un escaparate de tecnologías, un foro de debate y enriquecimiento cultural, un mosaico de experiencias y avances, un bla, bla, bla…
    “Sí, ya, justo lo que dicen los anuncios de la feria de mi ciudad…” me respondió…

    Desde el primer momento, sin embargo, el pálpito de la ciudad era que la Expo no son los 93 días de “feria”. Que eso es la excusa. De hecho, la obra para la fecha ha estado inacabada, y no passsssssa nada. Yo he comentado más de una ocasión que si la Expo fuera mía, como pudiera ser la construcción de una casa, y me la entregan en semejantes condiciones, inacabada, con desperfectos, con desajustes, en precario, con andamios y con ornamentos cayéndose o levantándose con voluntad propia, con chapuzas dignas de “Manolo y Benito Corporeision – Manos a la obra”… yo no pago. Y los llevo a juicio para demandar daños y perjuicios.

    Pero vivimos en una sociedad que es un inmenso pesebre. Como los monos del zoo, cacahuete y listo.

    Tenemos lo que merecemos. A veces, es mejor no pensar. Por lo menos… hasta septiembre…

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